miércoles 3 de febrero de 2010

¡Chávez SI! ¡Chávez NO!


¡Chávez dictador! ¡Chávez Libertador! ¡No me gusta el estilo! . Esos son los términos en los que se plantea la discusión sobre el proceso sociopolítico en Venezuela. Once años se cumplieron desde que Chávez asumió el gobierno, y con varias elecciones y reformas constitucionales en el medio.

Para algunos medios, durante largos años Cuba y Fidel Castro ocuparon el lugar del Demonio; hoy que ya no rinde, el principal promotor del eje del mal pasó a ser Venezuela y Chávez con sus aliados Correa y Morales.

Hay que tener en cuenta que Venezuela es un país petrolero y todo lo que eso significó, significa y significará. ¿Cómo varió la pobreza en estos once años? ¿Qué avances (o no) derechos sociales hubo? En muchos casos estas cuestiones no parecen importar para tomar una posición definitiva; por lo contrario, importa más la manera de hablar.

A tres años de asumir la presidencia le dieron un golpe de estado intentando detener el giro a la izquierda de Venezuela (suena como a honduras, no?) pero un estallido social presionó de tal manera que los golpistas se vieron obligados a restituirlo, incluso ya luego de haber jurado el nuevo “presidente”.

Como presidente una característica particular que tiene, es la forma de manejar la diplomacia internacional o por momentos la no diplomacia. Esto es muy cuestionado, pero en ocasiones es agradable ver que se digan ciertas cosas como son. Un ejemplo nomás de esto se pudo ver cuando la matanza de Israel sobre Palestina a fines del 2008. Mientras varios países condenaban el hecho muy (demasiado) diplomáticamente, Chávez mostraba imágenes de algunos de los tantos niños muertos en su programa de TV y hablaba sobre eso. Que exista esa campana es bueno de por sí.

En vez de pensar la política en términos de si una persona si o si una persona no, ayuda para profundizar las discusiones pensarla en términos de si este plan o este plan. En ocasiones los nombres y las caras son más símbolos que otra cosa. De todas formas es bueno renovar los símbolos. Otras veces no.